La diferencia entre la igual dignidad versus la “perspectiva de género”

No es lo mismo defender la igualdad de la mujer, que decirle a los niños que pueden escoger si quieren ser varones o nenas o vivir siendo ambas cosas, o ninguna de ellas.

Para la “perspectiva de género” no se nace hombre o mujer, sino que la sociedad es la que inventó que existen niños o niñas y, por lo tanto, cada uno debe escoger lo que quiere ser y cómo quiere expresar su sexualidad. De este modo, el matrimonio se ve como una imposición de la sociedad machista en contra de la mujer. De igual forma bajo esta ideología, el ser humano debe ser “libre” para definirse como niño o niña, ir a la escuela con el uniforme de niño o de niña, usar el baño del “género” que desee y más adelante, vivir su sexualidad como quiera, cubriendo los tratamientos de cambio de sexo en los seguros médicos, usando la reproducción asistida para que las parejas del mismo sexo adquieran niños y el aborto para que la mujer se libre de ellos.

El Papa Francisco, en el número 58 de su Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, advierte que la ideología del “gender” “«niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo». Es inquietante que algunas ideologías de este tipo, que pretenden responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles, procuren imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños”.

Sobre ello, el Papa Francisco resumió: “Una cosa es comprender la fragilidad humana o la complejidad de la vida, y otra cosa es aceptar ideologías que pretenden partir en dos los aspectos inseparables de la realidad. No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos creaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada”.

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