Comunicado del Obispo ante nueva Orden Ejecutiva

A todo el pueblo de Dios que peregrina en la Diócesis de Arecibo:

Dada la crisis de salud pública provocada por el coronavirus, la Gobernadora ha emitido hoy una Orden Ejecutiva que también afecta la celebración de las Misas y el funcionamiento habitual de nuestras parroquias.

Aunque lamentablemente tiene una redacción confusa, la interpretación en este momento es que salir de los hogares para asistir a la celebración del culto no está contemplado como una excepción. 

Por lo tanto, no pueden celebrarse misas públicas ni ningún otro acto público. Tampoco el sacerdote que no vive junto al templo podrá moverse para celebrar la misa aunque sea él solo. Por lo cual, antes de las 9:00pm de hoy, si es posible, los sacerdotes deberán procurarse todo lo necesario para la celebración privada en su casa.

Sobre la solicitud de auxilio espiritual (sacramentos de la Reconciliación y Unción) para personas enfermas en situaciones graves, según la asesoría legal que he recibido, sí pueden asistirse.  

En los casos de fallecimientos, aunque no sea posible un acto público, se puede dar a los familiares el consuelo de ofrecer la misa privada del sacerdote como sufragio.

Dadas las restricciones impuestas, los empleados parroquiales no podrán presentarse a su trabajo. Lo mismo aplica a los empleados del obispado.

Por otro lado, el uso de las redes sociales puede ser especialmente útil para mantenernos comunicados, orar juntos y apoyarnos espiritualmente durante esta emergencia.

Todo esto será así hasta el 30 de marzo. De haber algún cambio le informaremos lo antes posible.

Es importante y necesario seguir celebrando privadamente la eucaristía, fuente y culmen de nuestras vidas, por las diversas intenciones de nuestro pueblo. De modo especial, pedimos por todos esos hermanos que en estos días enfermarán y por aquellos que morirán y como pastores no tendremos la oportunidad de acompañar a las familias en la pérdida de su ser amado. 

Es un gran dolor no poder atenderles como ordinariamente lo hacemos a través del ministerio sacerdotal, pero a todos los encomendamos desde este momento a los brazos de Jesucristo, Pastor de nuestras almas. Continuamos sosteniéndonos, como el Hijo, de la mano de la Virgen del Perpetuo Socorro y encomendamos a su amparo maternal a todo el pueblo puertorriqueño en estos momentos tan difíciles.

+ Daniel Fernández Torres
Obispo de Arecibo

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