Obispo de Arecibo depone en Ecuador sobre los retos de la familia

El Obispo de Arecibo, Monseñor Daniel Fernández Torres, ofreció la conferencia “Nuevos retos que enfrenta la familia”, como parte del Congreso Internacional “Familia Juan XXIII, camino a la santidad”, que se celebran en Guayaquil, Ecuador.

Como parte de su presentación, el obispo arecibeño incluyó el panorama estadístico en Puerto Rico y a nivel mundial, en los temas de matrimonio, divorcio, uniones del mismo sexo, aborto, tasa de natalidad y envejecimiento poblacional.

Como respuesta a ello, citó las palabras del Papa San Juan Pablo II, el Grande: “Familia, ¡sé lo que eres!”.

“Y es que el mayor reto que enfrenta la familia hoy es la pérdida de su identidad. Ya nuestra sociedad no sabe lo que es la familia y no se puede amar lo que no se conoce. Más aún, no se puede construir lo que no se conoce”, expuso el Obispo.

Al respecto, puntualizó que “El ser humano fue creado a imagen de Dios”, como persona y como comunión de personas, “para conocer y amar a su Creador. Esta vocación con la que fuimos creados, a la que Dios nos llamó desde el vientre de nuestra madre, es la garantía de una vida plena y feliz”.

“Fuimos creados para amar, para dar la vida por amor. Primero, amando a Dios y luego, desde Dios, amando a nuestros hermanos, formando comunidades de amor desde que existimos, primero, unidos a nuestra madre en el vientre, como una sola carne con ella”, dijo.

“Es por eso que la vocación al matrimonio para fundar una familia debe ser vista como una continuidad de la vocación a conocer y amar a Dios. Me atrevería a llamarla: una vocación dentro de la vocación al amor”.

Así, profundizó que el ser humano, creado hombre y mujer, participara de la obra creadora de Dios en la procreación de los hijos y en la obra redentora de Dios al educarlos en la fe y al reflejar, con el amor entre los esposos, el amor de Cristo por la humanidad.

Por ello, lamentó que la familia pierda su identidad al no comunicar el amor de Cristo a sus hijos.

“Vemos tristemente en nuestras comunidades cómo las familias que un día vinieron a nuestros templos a pedir el sacramento del matrimonio, no regresan más a la Misa hasta el bautismo de sus hijos, y luego, hasta la primera comunión, momento en el cual muchas familias ya están destruidas”, lamentó.

Como resultado, llamó a “anunciar más que nunca que el amor verdadero sí es posible”.

“La acogida en el amor de los divorciados y vueltos a casar, en ningún modo debe llevarnos a silenciar la verdad sobre la indisolubilidad del matrimonio. No se trata de ningún modo de juzgar al caído, sino que es un deber con las futuras generaciones de que puedan conocer la verdad. ¿Cómo puede existir la libertad para escoger el bien si no se conoce?”, explicó. A su vez, destacó dentro de los retos de la “pérdida de identidad de la familia”, el servicio a la vida.

En esa línea, comentó que “el amor en la familia enfrenta una amenaza sin precedentes: el egoísmo”.

“El envejecimiento poblacional que enfrentan muchos países del mundo es muestra de la falta de identidad de la familia. Hoy, es común escuchar, en ocasiones tristemente hasta de la boca de nuestros propios agentes de pastoral, como se les presenta a los novios el tema de la maternidad y la paternidad como una amenaza a su felicidad. La pregunta sobre el método anticonceptivo que elegirán ya surge sin tapujos, sin rubores, entre las familias, desde el mismo momento en que los jóvenes anuncian sus planes matrimoniales. Ya la vida no se ve como parte misma de la familia”, dijo.

De frente a este panorama, concluyó volviendo a proclamar “‘¡Familia, sé lo que eres!’. ¡Familia, vuelve a reflejar al mundo la imagen de Dios!”.

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