Estimados estudiantes, maestros y personal de
las escuelas católicas de la diócesis de Arecibo:
En este nuevo año escolar les invito a
descubrir cada día más el amor tan grande que Dios siente por cada uno de
ustedes y, como respuesta, amar cada día más a Dios, a su Iglesia y a la Verdad
que el Magisterio nos enseña.
Esa respuesta de amor también debe llevarnos a
responder con caridad a las diferentes formas de pobreza que vive nuestra
sociedad hoy.
La Congregación para la Educación Católica[1]
recordó que las escuelas católicas nacieron “de una profunda caridad educativa
hacia los niños y jóvenes abandonados a sí mismos y privados de cualquier forma
de educación”.
“En muchas partes del mundo, todavía hoy, es la
pobreza material la que impide que muchos niños y jóvenes sean instruidos y que
reciban una adecuada formación humana y cristiana. En otras, son nuevas pobrezas
las que interpelan a la escuela católica…. Las pobres muchachas que en el siglo
XV eran instruidas por las Ursulinas, los muchachos que Calasanz veía correr y
alborotar por las calles romanas…los podemos encontrar hoy en aquellos que han
perdido el sentido auténtico de la vida y carecen de todo impulso por un ideal,
a los que no se les proponen valores y desconocen totalmente la belleza de la fe,
que tienen a sus espaldas familias rotas e incapaces de amor, viven a menudo
situaciones de penuria material y espiritual, son esclavos de los nuevos ídolos
de una sociedad, que, no raramente, les presenta un futuro de desocupación y
marginación”, prosiguió la Congregación para la Educación Católica.
En medio de una sociedad donde la
desintegración familiar hace que cada día haya más de esos “nuevos pobres” que
“tienen a sus espaldas familias rotas e incapaces de amor”, procuremos que la
escuela católica pueda ser para ellos esa “escuela para la persona y de las
personas”, donde se proclame con convicción que “el misterio del hombre sólo se
esclarece en el misterio del Verbo encarnado”.
Con el deseo de que cada estudiante reciba de parte de los maestros, personal y
compañeros de clase el reflejo del amor de Cristo, les imparto mi bendición.
+ Daniel Fernández Torres
Obispo de Arecibo
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[1] Congregación para la Educación Católica. “La Escuela Católica en los
Umbrales del Tercer Milenio” (1997).
Ver orginal: Mensaje_inicio_curso_colegios0001 Regresar a pantalla anterior...
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