 Cocinar está bien, escuchar está mejor
Domingo Tiempo Ordinario, Ciclo C
Resulta simpática esta página del Evangelio de Lucas. Marta y María y Jesús. La
una metida en la cocina sin enterarse de lo que pasa en la sala de estar.
Mientras tanto, María, se olvida de los pucheros y prefiere sentarse a los pies
de Jesús y escuchar su palabra.
Es bueno el “servir” que es el oficio de Marta. Pero mucho mejor es el oficio de
María: “estar con” y “escuchar”. Nadie dudaría de que, si llegado el mediodía,
no hay almuerzo prepa- rado, todos se hubiesen quejado. Pero también es cierto
que, tener un invitado en casa y dejarlo solo viendo televisión, por causa de
los pucheros, tampoco resulta demasiado elegante.
En la vida se necesitan las dos cosas. Se necesita el servicio de la cocina y se
necesita el acompañamiento del que está con nosotros. Se necesita trabajar para
ganarse el pan de cada día y se necesita de un tiempo para encontrarnos como
personas. Aquí Lucas no plantea en modo alguno la primacía de lo contemplativo
sobre la vida activa, sino más bien, lo que es y debe ser esencial en la
relación de las personas.
“Sentada …”
Cuando se trata de escuchar a alguien no valen las prisas.
Sólo se escucha bien cuando uno está tranquilo y no mirando al reloj.
Sólo se escucha bien sentados, señal de que tengo todo el tiempo para ti.
Sólo se escucha bien cuando el otro se siente cómodo porque sabe que no nos está
quitando nuestro tiempo.
Una de las condiciones para hablar y escucharnos es que tú y yo nos sintamos a
gusto, sintiendo que tú eres importante para mí y yo soy importante para ti.
Estar con Jesús
“Estar con Jesús” para escucharle. Quien no tiene tiempo para “escucharle a El”
nunca llegará a intimar con El ni nunca llegará a compartir sus sentimientos.
Por algo Pablo pide a la comunidad cristiana “sentid en vosotros los mismos
sentimientos que Cristo Jesús”.
Estar con El, escucharle, disponer de tiempo suficiente para prestarle nuestra
atención es el primer paso para interiorizar y profundizar en la relación
espiritual y de fe con Jesús. De lo contrario, nuestra relación con Él será
siempre una relación de segunda mano, escuchando lo que otros han sentido y
experimentado. Y la verdadera fe sólo es posible cuando uno mismo hace la
experiencia de Él como persona.
Es una pena cuando el creyente dice que no tiene tiempo para regalarse un rato
de silencio para escuchar a Dios en su corazón. No tener tiempo para escuchar a
Dios significa que muchas otras cosas son mucho más importantes y que a Dios lo
reducimos a una especie de Post Data: “si tenemos tiempo”. Por eso también
nuestra fe suele ser casi siempre de segunda mano.
Creemos por lo que otros han sentido y experimentado.
Creemos por lo que otros dicen de Él.
Pero no creemos “porque nosotros mismos lo hemos visto y le hemos oído y
escuchado”.
“Estar como pareja”
También la pareja necesita comer. También los hijos necesitan comer. Con el
estómago vacío pareciera que también el amor languidece. Gregorio Marañón decía
en uno de sus libros que, el éxito del matrimonio entre los vascos, estaba en
que las mujeres conocían muy bien los gustos culinarios y los estómagos de sus
maridos.
Yo no sé si la cocina será suficiente para mantener la alegría y el gozo de la
pareja. De lo que sí estoy convencido es que cada uno de ellos necesita de la
presencia y la compañía del otro y que el otro tenga tiempo para regalarle cada
día.
Uno de los problemas hoy de la pareja es que no tienen tiempo para ellos mismos.
El trabajo, y el ganar unos dinerillos más, les absorben todo el tiempo. Y el
tiempo que disponen es un “tiempo de cansados y fatigados”, por tanto un “tiempo
de aburrimiento”, pero en manera alguna un “tiempo de relación, de escucha y
relajación”.
Amar es saber escuchar.
Amar tener tiempo para estar a tu lado.
Amar es tener tiempo para prestarte atención.
Amar es tener tiempo para decirte que tú eres ahora lo más importante.
Amar es tener tiempo para ti.
Amar es tener tiempo para hacerte sentir que escucharte es importante para mí.
Amar es tener tiempo para compartir juntos nuestros sentimientos, nuestras
alegrías, nuestras penas y preocupaciones.
Estar como padres
Tampoco solemos tener tiempo para escuchar a los hijos.
Porque también los hijos quieren sentir que ellos son importantes.
Porque también los hijos quieren sentir que alguien les escucha.
Porque también los hijos necesitan sentir que son algo más que consumidores de
“loncheras” o de comida.
También ellos quieren decirnos algo y manifestarnos sus sentimientos.
Y cuando nadie les escucha es que nadie les da importancia.
¿No será por eso que prefieren la calle, porque allí sus amigos sí les escuchan?
En la vida humana y espiritual se necesitan Martas que huelan a pucheros.
Pero también se necesitan Marías que prefieren dedicar su tiempo a escuchar a
los demás. ¿Cuánto tiempo disponemos para “estar con” y para “escuchar al otro”?
P. Clemente Sobrado, C. P. |