 Escuchan mi voz
Domingo 4 de Pascua, Ciclo C
Es frecuente ver en los periódicos títulos como éste: “La canción más escuchada
de la semana”. “El libro más vendido de la semana”. ¿Algún día pudiera aparecer
algún título que dijese: “La voz más escuchada por los cristianos durante la
semana”?
Los cristianos, como el resto de la gente, escuchan muchas voces, muchas
canciones, muchas radios, muchas noticias.
¿Será la voz de Jesús Resucitado en la comunidad, una de esas voces más
escuchadas?
Y no será porque en la Iglesia falten las palabras. En la Iglesia, como en la
sociedad, hay exceso de palabras, hay exceso de discursos, de declaraciones.
Pero me temo que haya exceso de “charlatanes”. Pagola escribía hace unos años,
1993, a propósito del Congreso sobre “Evangelización y hombre de hoy”, algo que
creo sigue teniendo actualidad. Se trata del mensaje final donde se hace una
sincera confesión: “Nos hemos sentido, en conjunto, como evangelizadores
mediocres, cobardes a veces, divididos, rutinarios. Nos sobran palabras. Y nos
falta la Palabra”.
¿A quién escuchan realmente nuestros fieles hoy? ¿A nosotros o a Jesús el Buen
Pastor resucitado?
¿Qué escuchan nuestros fieles hoy? ¿Nuestras palabras, nuestras ideas, nuestras
teologías, nuestras ideologías o incluso nuestra palabrería vacía porque es
palabra rutinaria, improvisada, no pensada, no vivida, sino para llenar un
espacio porque algo tenemos que decir, o escuchan la Palabra de vida y de
esperanza de Jesús el Buen Pastor resucitado?
Leyendo lo que dice Jesús: “Mis ovejas escuchan mi voz”, me entra una cierta
angustia preguntándome a mí mismo: “¿Y mis ovejas, que son las suyas, escucharán
hoy su voz en mi voz?” ¿Escucharán la voz de Jesús en la voz de la Iglesia? ¿No
estarán cansadas de escuchar siempre lo mismo, palabras que no despiertan el
interés ni el gusto espiritual? ¿Palabras que adormecen el espíritu y no hacen
brotar la esperanza? ¿Palabras que les resbalan por la piel del alma y no logran
entrar dentro?
No me ilusiona cuando me dicen: “¡qué bonito ha hablado!” Más me ilusionaría
sentir que alguien me dijera: “lo que ha hablado me ha llegado al alma, sentía
que estaba dicho para mí, ha llevado consuelo, ilusión y esperanza a mi alma”.
¿Por qué escuchan a Jesús?
Porque las palabras de Jesús llevan vida: “y Yo les doy la vida eterna”.
Porque las palabras de Jesús abren y llegan al corazón: “Yo las conozco”.
Porque las palabras de Jesús despiertan las esperanzas dormidas.
Porque las palabras de Jesús son buena noticia de Dios cada día.
Porque las palabras de Jesús responden a sus inquietudes y vacíos.
Porque las palabras de Jesús son invitación al seguimiento: “y ellas me siguen”.
Jesús dijo: “El que a vosotros os escucha, a mí me escucha”.
Ahí está el problema.
Nos escuchan a nosotros, ¿pero le escuchan a El en nuestra voz?
Oyen nuestras palabras, ¿pero oyen en ellas la voz de Jesús?
Jesús se hizo Palabra de Dios.
Nosotros debiéramos hacernos palabra de Jesús.
Porque solo así, quien nos escucha, le escuchará a El.
Jesús fue Palabra encarnada de Dios.
¿Seremos nosotros palabra encarnada de Jesús?
Jesús fue Palabra, Evangelio de Dios.
¿Seremos nosotros palabra, Evangelio de Jesús hoy?
¿No sobrarán hoy también las palabras y faltará la verdadera Palabra?
Los “pastores” tenemos la misión de representar a Jesús, pero no de suplantarlo.
La misión de hacer que Jesús pueda hablar hoy a través de nosotros.
Pero nosotros no podemos suplirlo.
Y para poder ser la voz del Buen Pastor, primero también nosotros tenemos que
escucharle a El. Los verdaderos profetas no hablan en nombre propio sino lo que
han oído y escuchado a Dios. No dicen: “yo digo” sino el “Señor dice”.
En la Iglesia todos estamos llamados a ser micrófonos de Dios.
Pero la voz que la gente tiene que escuchar es la de Dios. Y esto es lo difícil.
La gente quiere escuchar a Dios, a Jesús el Buen Pastor.
Por eso tenemos que anunciar su Palabra más que nuestras palabras.
Nosotros decimos palabras. Pero El es la Palabra.
Nosotros somos su rostro visible. Pero los fieles tienen que ver el rostro de
El.
La gente no seguirá a Jesús escuchándonos a nosotros, sino escuchándole a El a
través de nosotros.
La gente no tendrá vida escuchándonos a nosotros, sino escuchándole a El a
través de nosotros. Al fin y al cabo, también nosotros, pastores hoy, somos
ovejas del rebaño que escucha y quiere seguir a Jesús y quiere tener “vida
eterna”.
Oración
Señor: nos has confiado una misión difícil. Ser los mensajeros de tu Palabra.
La gente está harta de palabras humanas y quiere escuchar palabras divinas.
La gente está harta de escucharnos a nosotros y quiere escucharte a Ti.
Danos la gracia de hablar menos palabras y hablar tu Palabra.
Danos la gracia de que en nuestras palabras pueda escuchar tu Palabra.
Danos la gracia no tanto de decir palabras sino de que nuestra vida se convierta
en Palabra tuya, en tu Evangelio.
Que nuestra mejor palabra sea el testimonio de nuestra vida.
P. Clemente Sobrado, C. P. |