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diocesisdearecibo.org - Tú y yo estrellas en el camino
Tiempos Litúrgicos: 2009179 - Tú y yo estrellas en el camino

Tú y yo estrellas en el camino
Domingo 6 de enero Epifanía del Señor Ciclo C

En las Navidades pareciera que todas las estrellas del cielo vienen a colgarse de los árboles de la tierra o a colgarse iluminando nuestras calles. Porque en las Navidades la gran vedette es sin duda la estrella.
Me gusta el sol, pero me encantan las estrellas.
Porque son precisamente ellas las que alumbran en la oscuridad de la noche. Y hasta tenemos que reconocer que sólo las vemos cuando el mundo está a oscuras. Las estrellas guían en la oscuridad. Las estrellas guían en los momentos de falta de luz.

Los Magos son guiados por una estrella.
Yo me pregunto ¿caminarían sólo de noche y descansarían durante el día?
Una estrella muy distinta a todas esas estrellas que iluminan las noches navideñas en nuestras calles.
La estrella de los Magos apuntaba y guiaba a Belén, al encuentro con Dios hecho Niño en un pesebre.
Las estrellas de nuestras calles más bien apuntan a los grandes centros comerciales que nos invitan a comprar cosas y a gastar nuestros dineros.
Las estrellas del firmamento son, al menos aparentan, ser pequeñas. Pequeños puntitos en el cielo. El firmamento parece como un campo sembrado de granos de trigo, que en el verano serán las doradas espigas para hacer nuestro pan.
Y a pesar de su pequeñez alumbran, iluminan, adornan y embellecen el cielo nocturno.

Los Magos debieron pasar también por esa noche espiritual de la fe y de la esperanza, precisamente cuando perdieron de vista la estrella que los guiaba a Belén. Se sintieron perdidos en el camino. Desorientados y sin rumbo.
Pero, no por eso dieron marcha atrás. Siguieron su camino en la oscuridad buscando, preguntando.

Hay momentos en la vida en los que, todo parece hacerse noche.
Todos los signos y señales de Dios parecieran apagarse.
Hasta el mismo Dios se nos queda en la oscuridad.
Pero es entonces que necesitamos seguir caminando, a oscuras, incluso si nos tropezamos con alguna piedra o metemos los pies en algún charco de agua.
Alguna nube puede ocultar las estrellas. Pero la nube pasa y las estrellas siguen ahí.
El hecho de no verlas no significa que no existan.

Jesús es la gran estrella de Dios en los caminos de los hombres.
“Yo soy la luz del mundo”.
Claro que, a veces, esa luz queda oscurecida por los problemas y dificultades de la vida. Pero El sigue ahí. No lo vemos. Pero está.
Los hombres necesitamos de las estrellas, no solo para que iluminen nuestras noches oscuras sino también para que iluminen los caminos de nuestro espíritu y de nuestra esperanza.

La Iglesia es la estrella de Dios hoy para la humanidad.
Es cierto que no siempre su luz resplandece lo suficientemente clara. Las cenizas de nuestras vidas apagan su luz.
Pero ahí está, a pesar de todo. “Luz de las gentes”. Llamada también ella a guiar los hombres al encuentro con Dios.

Y cada uno de nosotros estamos llamados a ser también una estrella para el hermano. Estrellas que ayuden a nuestro hermano a encontrar el Belén de Dios.
Yo soy tu estrella, no tu camino. Tú eres mi estrella, no mi camino.
Pero tú y yo, mostramos el camino.

Tú eres el dedo de Dios que me muestra mi camino. Yo soy el dedo de Dios que te muestro tu camino. Por eso tú eres tan importante en mi vida. Y por eso, yo soy tan importante en la tuya.

Es posible que tú nunca te des cuenta. Es posible que yo nunca me dé cuenta.
Y a pesar de todo, somos el uno para el otro, la estrella de un camino.
Tu vida no me pude ser indiferente. Tampoco la mía es indiferente para ti.
De cómo vivamos tú y yo dependerá que ambos logremos nuestra meta.

Nadie sabe cuán importante es la vida de los demás. Y nadie sabe cuánto bien puede hacer a los demás. Y nadie sabe cuánto daño puede hacer al otro. Todos vivimos una interdependencia.
Nuestras vidas se cruzan en el camino. Y también se encuentran en el mismo camino.
Distintos caminantes, y uno solo es el camino.
Por eso, si mi estrella se apaga, enciéndela con la luz de la tuya. Si tu estrella se apaga, cuenta con la pequeña luz de la mía.
Y así juntos llegaremos a final del camino.

Oración
Señor: Tú encendiste una estrella en el corazón de los Magos.
Enciende hoy muchas estrellas en nuestros corazones.
Todos necesitamos de alguien que nos muestre el camino.
Todos necesitamos nos diga donde encontrarte.
Haz de mi vida una estrella luminosa que pueda guiar a mis hermanos
a tu encuentro.
Y dame la gracia de saber ver la luz de las estrellas que son mis hermanos
que también me señalan el camino para llegar a ti.

P. Clemente Sobrado, C. P.

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