 Cuando los hijos crecen
Domingo Sagrada Familia Ciclo C
Copio una página de Khalil Gibran en El Profeta.
“Vuestros hijos no son vuestros hijos. Son hijos e hijas de la Vida, deseosa de
perpetuarse. Vienen a través de vosotros, pero no vienen de vosotros. Y aunque
están a vuestro lado, no os pertenecen.
Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos. Porque ellos tienen
sus propios pensamientos.
Podéis cobijar sus cuerpos, pero no sus almas. Porque sus almas viven en la casa
del porvenir, que está cerrada para vosotros, aún para vuestros sueños.
Podéis esforzaros en ser parecidos a ellos, pero no busquéis hacerlos a vuestra
semejanza. Porque la vida no se detiene ni se distrae con el ayer.
Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son
impulsados hacia lo lejos.
El Arquero es quien ve el blanco en la senda del infinito y os doblega con su
poder para que Su flecha vaya veloz y lejana.
Dejad, alegremente, que la mano del arquero os doblegue.
Porque, así como El ama la flecha que vuela, ama también la estabilidad del arco
y su constancia”.
Un texto que expresa claramente el sentido del Evangelio de hoy, Fiesta de la
Sagrada Familia. Hasta los doce años Jesús vive a la sombra de María y de José.
Pero Jesús está dejando de ser el niño de siempre y está entrando con pie firme
en la adolescencia. Y ahí está el primer gesto de autonomía y libertad. El
primer gesto de la toma de conciencia de que es distinto a ellos y que su misión
no puede estar condicionada por ellos.
Lo creen en el camino de los adultos. Creen que, como niño, anda el camino de
todos y sigue metido en el anonimato de la caravana. Tres días angustiosos de
búsqueda. Jesús perdido. Tremendo dolor para María y José que se sienten también
ellos responsables de su libertad y de su crecimiento.
El camino de los adultos no suele ser precisamente el camino del adolescente que
ha hecho el gran descubrimiento de sí mismo. Jesús cambia de eje y de centro de
su vida. Su centro ya no son María y José. Jesús toma conciencia de que sobre
ellos hay otro que guiará su propio destino. “¿No sabíais que Yo debía estar en
la casa de mi Padre?” Hasta ahora sus padres se escriben con minúscula. Ahora
“mi Padre” se escribe con mayúscula. Es el primer aviso de su independencia y de
su vocación y misión recibida del Padre.
También para ellos fue un momento doloroso. Un momento que no entendieron. Por
eso guardaron silencio en el dolor frente al misterio de una vida que ya no
dependía de ellos. Una vida cuyo destino dependía de Dios Padre. ¿Cómo se fue
gestando esta nueva conciencia humana de Jesús? Sólo El nos lo podría revelar.
“Su madre conservaba todo esto en su corazón”. Es la única actitud que nos queda
ante el misterio. También ante el misterio humano de nuestros hijos, que en
algún momento de sus vidas tienen que comenzar a ser ellos mismos, los padres
tienen que resignarse contemplativamente ante el misterio de Dios.
Los padres solemos tratar de entender racionalmente la vida de los hijos. Y la
vida de los hijos es un misterio para nosotros. Es misteriosa su concepción.
Pero es misteriosa también su vocación personal. Es el momento en el que la
“flecha” sale disparada del arco. Los padres son pequeños arcos de donde salen
disparadas las fechas que son sus hijos. Pero el verdadero Arquero de todas las
vidas es sin duda “el Padre Dios”.
Es el momento de las primeras semillas de la vocación de los hijos. Una vocación
que es una llamada interior que sólo él escucha en su corazón. Los padres pueden
hacer muchos planes y proyectos sobre sus hijos. Pero son simplemente “buenos
deseos”. Porque la vocación del hijo no está en los padres sino en el Padre que
les llama y ante la que los padres tendrán que rendirse. A mis dieciocho años,
mi padre no entendió mi vocación y rompió conmigo. Y creo que murió sin haberla
comprendido. Y siempre ha tratado de entenderle, porque la voz secreta de Dios
que me llamaba a la Vida Consagrada y Sacerdotal, sólo yo la escuchaba y no él.
Los hijos somos parte de la familia, hasta que el Padre nos regala como familia
la humanidad entera. Jesús era parte de la familia de Nazaret. Pero su verdadera
familia sería la familia de todos los hombres a los que el Padre le enviaba a
anunciar el Evangelio de la salvación.
Oración
Señor: Tú pasaste por ese momento difícil de ser hijo siendo Hijo.
Por ese momento en tu obediencia filial se tiene que hacer obediencia al Padre.
En este día de la Sagrada Familia, tu Familia, quiero pedirte por todos los
hijos y también por todos los padres.
Por todos los hijos: para que escuchen tu llamada.
Por todos los padres: para que aprendan a respetar el misterio de Dios en cada
hijo.
Tú ibas creciendo “en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los
hombres”.
Que los hijos crezcan en esa triple armonía. Y que los padres los acompañen
respetuosamente en ese crecimiento.
P. Clemente Sobrado, C.P. |