Todo el mundo se pregunta si Juan no será el
Mesías. Y Juan se pone en su lugar. No niega lo que es. Pero tampoco se
aprovecha del ambiente para expresarse en lo que no es.
El bautiza con agua. El Mesías bautizará con
Espíritu Santo. No soy digno ni de desatarle la correa de sus sandalias.
No se trata de sentirse más de lo que es. Pero
tampoco menos de lo que uno es. Se trata de ser lo que realmente uno es. Existen
las dos tentaciones. Sentirse menos.
Es una falsa humildad. Sentirse más. Es soberbia.
Lo importante es ser lo que realmente somos. Es la verdad la que nos da nuestra
verdadera talla. Con frecuencia nos atacan las dos tentaciones. Las dos
igualmente malas. En todo caso, es preferible pecar por sentirse más que por
sentirse menos.
Nouwen lo dice de una manera mucho más clara. Personalmente siempre he estado
convencido de que "sin un poco de amor propio, podemos terminar siendo
basura". La razón es muy clara:
Se ama aquello que sentimos que vale
Guardamos muy bien, aquello que consideramos de gran valor.
En la Caja Fuerte no guardamos la basura, sino las joyas y los cheques.
La basura la tiramos en los cestos o papeleras y la dejamos en la puerta a la
espera de que pase el carro de la limpieza.
Si tú no te valoras, estás pecando contra ti mismo, porque no te valoras en lo
que eres.
Si tú no te valoras, estás pecando contra Dios, que nunca se dedicó a hacer
basura.
Si tú no te valoras, estás pecando contra la esperanza, porque no esperas ya
nada de ti.
Si tú no te valoras, estás pecando contra el amor, porque no serás capaz de
amarte nunca.
Si tú no te valoras, tampoco valorarás a los demás.
Si tú no te valoras, tampoco amarás adecuadamente a los demás.
Si tú no te valoras, nunca vivirás a gusto tu vida. Te aguantarás. Te
resignarás.
Si tú no te valoras, nunca serás agradecido a Dios por el don de tu vida, y
vivirás resentido con El.
Si tú no te valoras, corres el peligro de ser un resentido social, porque te
considerarás menos que los demás.
Si tú no te valoras, no te dirá nada la encarnación de Jesús.
Si tú no te valoras, nunca sabrás leer el amor que Dios te reveló en la Cruz.
Valorarse uno a sí mismo, no es orgullo ni vanidad.
Es vivir en la verdad.
Valorarse uno a sí mismo, no es soberbia. Es vivir agradecido a Dios.
Valorarse uno a si mismo, no es autosuficiencia. Es reconocer la obra de Dios
ti.
Valorarse uno a sí mismo, es escuchar la voz de Dios que cada día nos dice: "tú
eres mi hijo, el amado".
La
autoestima es el mejor camino:
Para amarse uno a sí mismo. Para sentirse uno a gusto consigo mismo.
Para sentir ganas de seguir viviendo. Para sentir ganas de seguir luchando en la
vida.
El
autodesprecio es:
Sentir que no eres nada. Sentir que no vales nada.
Sentir que no sirves para nada. Sentir que no eres importante para nadie.
Vivir no es
lo mismo que existir. El que se autodevalúa a sí mismo, existe, pero no vive.
Vivir es
sentir la vida por dentro. Vivir es sentir el aliento y el gusto de ser.
Vivir es
sentir la alegría de la vida.
Despreciar
a alguien, es matarlo en vida.
Despreciar
a alguien, es negarle el derecho a la felicidad consigo mismo.
Despreciar
a alguien, es no reconocerle como don de Dios.
Despreciar
a alguien, es cerrarle las puertas a la esperanza.
Despreciar
a alguien, es decirle a Dios que se equivocó con él.
Despreciar
a alguien, es dejar de amarlo.
Eres más de
lo que piensas. Vales más de cuanto tú te valoras.
Eres, no lo
que los demás piensan de ti, sino lo que Dios piensa de ti.
Y por más
que te creas poca cosa, eres algo maravilloso para Dios.
Por eso:
Dios cree en ti. Dios tiene fe en ti.
Dios tiene
esperanza en ti. Y por eso te ama. ¡Dios tampoco ama la basura!
Una
pregunta de amigo:
¿Verdad que
muchas veces te has confesado de tu autosuficiencia?
Pero
¿alguna vez te has confesado de tu autodesprecio?