Dios sale
de paseo
Domingo 4
Adviento, Ciclo C
En esta cuarto y último Domingo del Adviento, ya a
las puertas de la Navidad, la figura central es María, la mujer del Adviento y
la mujer de la Navidad. La presencia de Dios creciendo en el seno de María la
pone en camino, como luego Jesús también se pondrá en camino. Es la primera vez
que Dios sale de casa a darse una vuelta por su tierra y llega hasta la Montaña
de Judá. La segunda vez, sería un viaje más penoso camino de Belén.
Dios no nos encierra sobre nosotros mismos.
Y no es un motivo para tomarnos un descanso. El
Dios que anida en las entrañas de María es un Dios de los caminos. Porque es el
Dios en actitud de servicio a los hombres. El embarazo necesita de cuidados.
Pero las necesidades de los demás necesitan con urgencia de servicios.
En su cántico, María alabará las maravillas que
Dios ha hecho en ella. Por el contrario, Isabel destaca la fe de María. Es
posible que su experiencia de un marido mudo por dudar y no creer, le haga
sentir más la grandeza de la fe de María. "Dichosa tú que has creído".
La presencia de Dios es siempre motivo de gozo y de
alegría. "Desde que tu saludo llegó a mis oídos, el niño saltó de alegría en mi
vientre". Las visitas de Dios y las visitas de quienes van llenos de Dios nunca
son un aguafiestas. Son un momento de alegría, de baile, aunque sea dentro del
vientre materno.
Encuentros que no llevan nada ni dicen nada.
Encuentros que nos dejan como estamos.
Encuentros que no dejan huella y nuestras vidas.
Y
encuentros que despiertan lo que llevamos dormido en el alma.
Encuentros que despiertan ideales dormidos y que solo necesitaban una
presencia.
Encuentros que la alegría de la vida, tantas veces marchita por los
problemas.
Encuentros que pueden cambiar nuestras vidas.
María, en su visita a Isabel, es el mejor símbolo
de la futura Iglesia y de la futura evangelización.
L a
Iglesia tienen que vivir cada día "embarazada y gestando" a Dios en su
seno.
Pero la Iglesia gestante de Dios no puede
guardarlo para ella misma.
La Iglesia no puede vivir del miedo de
perder a Dios por arriesgarse saliendo al encuentro de los hombres.
La Iglesia sólo puede acercarse a los
hombres cuando ella misma está llena de Dios por dentro.
Sólo podemos anunciar debidamente el
Evangelio cuando el Evangelio nos va quemando por dentro.
Por otra parte, la Iglesia cuando se acerca a los
hombres:
No
es pa ra
dejarlos como están instalados en su mundo y sus quehaceres.
La Iglesia está llamada a ser buena
noticia para los hombres.
La Iglesia está llamada a despertar lo que
los hombres llevan dormido dentro.
La Iglesia está llamada a despertar la
alegría en el corazón de los hombres.
La Iglesia está llamada a despertar y
abrir nuevos horizontes.
La Iglesia no puede guardarse a Dios en
los templos sino que tiene que sacarlo a pasear por los caminos de los
hombres.
El Dios de la Iglesia no es el Dios de los
templos, sino el Dios de los caminos, porque es el Dios del servicio a
los hombres.
Necesitamos de un Iglesia "embarazada" de Jesús.
Necesitamos de cristianos "embarazados" de Jesús.
Porque sólo así seremos la alegría de los hombres.
Porque solo así haremos saltar la alegría y el gozo
dormido en el corazón humano.
Para que Jesús nazca en Belén es preciso que María
lo lleve en su seno.
Para que Jesús nazca en nuestros hermanos es
preciso llevarlo en nuestro corazón.
En Belén nace lo que María llevó durante nueve
meses en sus entrañas.
En los hombres nace lo que los hombres llevamos
hasta ellos.
¡Feliz Navidad a todos!
¡Que cada uno viva la Navidad de lo que el Espíritu
engendró en nosotros!
Oración
Señor: No te
gusta vivir enclaustrado.
Recién
concebido sales camino de Ain-Karen.
Te gusta
salir al encuentro de los hombres, de los que te necesitan.
Y
encontrarse contigo es sentir que dentro de nosotros se despierta la vida, se
despierta la alegría, se despierta lo nuevo.
Estamos
próximo a la Navidad y tú estás de camino hacia todos nosotros.
Despierta
todo lo bueno que llevamos dentro.
Despierta la
vida que ya se nos duerme en el corazón.
Porque en
estas Navidades también nosotros queremos saltar de alegría,
como lo hizo
Juan en el vientre de Isabel.
P.
Clemente Sobrado, C. P.
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