Bienaventuranzas de la esperanza
Bienaventuranzas de la esperanza
Domingo 1 adv c
El Adviento es un tiempo de esperanza. Es un tiempo para despertar y avivar en
nosotros la esperanza. Y es un tiempo para que “nosotros mismos seamos esperanza”.
El Nuevo Año Litúrgico comienza siempre con una invitación a vivir la
espiritualidad de la esperanza. A marcar nuestras vidas de esperanza. Una
esperanza próxima que es la Venida de Jesús, el esperado de los siglos y que por
fin Dios cumple con su promesa. Y la esperanza última de saber que algún día
llegará la gran manifestación de Dios al mundo donde todas las esperanzas se
harán realidad.
Por eso, el Adviento nos presentará las grandes figuras de
la esperanza humana y cristiana: Isaías, el profeta de la esperanza. Juan el
Bautista, el que señala con el dedo la esperanza que ya está en camino del
desierto. Y María, la que está gestando y lleva su seno cargado con las promesas
de siglos a punto a llevarse a cabo.
El Adviento es el camino de la espiritualidad bienaventuranza de la esperanza.
Bienaventurado el que cree en la esperanza.
el que vive de la esperanza,.
el que anuncia la esperanza.
el que lucha con esperanza.
el que siembra esperanza.
el que testimonia la esperanza.
el que espera con esperanza.
el que habla con esperanza.
el que sueña con esperanza.
el que siembra con esperanza.
el que vive con esperanza.
el que pone su esperanza en Dios.
el que pone su esperanza en su esfuerzo.
Bienaventurado el que está triste hoy,
Y sigue esperando que algún día será feliz.
El que camina de fracaso en fracaso.
Y sigue esperando que algún día triunfará.
El que hoy no tiene nada.
Y sigue esperando que algún día tendrá lo suficiente.
El que lo ha perdido todo.
Y sigue esperando que la suerte le sonreirá mañana.
El que amanece con enorme vacío dentro.
Y sigue esperando Dios lo llene algún día hasta arriba.
Bienaventurado el que todo le ha salido mal.
Y vuelve a comenzar de nuevo.
El que ya no tiene razones para vivir.
Pero tampoco tiene razones para morir.
El que no tiene razones para luchar.
Pero tampoco tiene razones para dejar de hacerlo.
El que no tiene razones para mirar adelante.
Pero tampoco tiene razones para mirar hacia atrás.
El que no tiene razones para seguir caminando.
Pero tampoco tiene razones para renunciar al camino.
El que no tiene razones para pensar que mañana será mejor.
Pero tampoco tiene razones para dejar de soñar.
Puede que hoy no tengas razón alguna para pensar que tu vida puede cambiar.
Pero ¿y tienes alguna razón para pensar que el cambio no llegará?
Nadie espera porque tiene razones evidentes para esperar.
Porque la esperanza es la única razón de su espera.
Porque la esperanza no viene de las cosas.
La esperanza la llevas tú en tu corazón.
La esperanza no se compra en el mercado de las cosas.
La esperanza brota del manantial del corazón.
Por eso es posible “creer contra toda esperanza”.
Vivamos de la esperanza y seamos nosotros mismos esperanza para los demás.
Oración
Señor: Comenzamos un Nuevo Año Litúrgico.
Y ya ves con qué poca solemnidad lo celebramos.
Ya verás lo solemnes que somos cuando celebremos
el comienzo del Año Calendario.
Y con ello, de nuevo nos haces una invitación a la esperanza.
Mejor dicho tú cumples y realizas tus promesas de siglos de espera.
Que esta realización de tus promesas despierte en nosotros
la gran esperanza de que, al final de todo, tú eres la
única razón de que la esperanza sea como la primavera de nuestras vidas.
Clemente Sobrado C.P.
www.iglesiaquecamina.com
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