¿Tiempo
libre o descanso?
Domingo 16 Tiempo Ordinario, Ciclo B
Hoy hablamos mucho del tiempo libre, pero nos hemos olvidado hablar
del tiempo del descanso. Hasta ahora hablábamos del descanso dominical. Ahora
habrá que hablar del tiempo libre de fin de semana.
Un tiempo libre que no es tan libre como decimos. Y no es libre
porque es un tiempo tan ocupado como cualquier día de la semana. Unos, porque
todo lo que no pueden hacer durante la semana, lo dejan para el fin de
semana. “Tengo tantas cosas que hacer que no he tenido tiempo para ir a
Misa”. Otros, porque el llamado tiempo libre lo llenan de cosas que, el
fin de semana nos deja más cansados que el resto de días laborables.
La prueba. Fíjese usted en la cara de la gente el lunes. Más parece
que quieren irse a la cama a dormir que a trabajar.
Jesús invita a los discípulos que regresan de su primera experiencia
misionera, a retirarse a un lugar solitario “para descansar un poco”. ¿Motivo?
El de siempre. “No tenían tiempo ni para comer?”. ¡También en aquel entonces
existía eso de las “comidas al paso”, de “las comidas rápidas”? La
digestión se hace corriendo. Lo mismito que nos sucede a nosotros.
Tenemos tantas cosas que hacer que no tenemos tiempo
para nada.
Tenemos tantas cosas que hacer que no tenemos tiempo
para nosotros.
Tenemos tantas cosas que hacer que no tenemos tiempo
para los demás.
Tenemos tantas cosas que hacer que no tenemos tiempo
para Dios.
Vivimos absorbidos por la gente.
Vivimos absorbidos por nuestros quehaceres.
Y cuando uno no tiene tiempo para sí mismo, termina vacío de sí mismo
y extraño a sí mismo. Y cuando uno no tiene tiempo para los demás, terminamos
todos siendo pequeñas islas, cada uno metido en su propia cápsula del quehacer
cotidiano. Todo es más importante que nosotros mismos. Todo es más importante
que la familia. Todo es más importante que Dios. Y si nos damos cuenta, “todo
ese todo” son un montón de cosas inútiles y vacías de contenido. De esas que
hacemos para “matar el tiempo y no aburrirnos”.
Los unos comidos por las cosas.
Los otros comidos por la gente.
Los otros comidos por la diversión.
Los otros comidos por los demás.
Necesitamos “estar con los demás”, pero más urgente es “estar con
nosotros mismos”, para que no vivamos perdidos en el espacio y en el vacío de
nosotros mismos.
Lo que llamamos “tiempo libre” termina siendo un tiempo muy poco libre
porque termina siendo un tiempo libre, lleno de cosas.
Y quien no sabe estar “consigo mismo”, ¿sabrá estar útilmente con los
demás? Porque se puede estar con los demás, sencillamente “pasando el tiempo”,
distraídos de nosotros y de nuestras responsabilidades. Una manera de vivir
“irresponsablemente”.
Sólo estamos útilmente con los demás cuando hemos sido capaces de
estar a solas con nosotros mismos.
Descansar no significa un “tiempo vacío”. Puede ser un tiempo muy
lleno. Porque puede ser un tiempo de:
Encontrarnos con nuestra interioridad.
Discernir nuestros criterios y nuestra mentalidad.
Encontrarnos con nuestro yo profundo.
Encontrarnos con Dios escondido dentro de nosotros.
Encontrarnos con nuestra verdad, la verdad de
nuestra vida.
Escuchar esas voces silenciosas de las cosas que de
ordinario no escuchamos.
Escuchar la realidad que nos rodea y sobre la que no
tenemos tiempo para pensar.
Escuchar la canción de los pájaros que casi nunca
escuchamos.
Escuchar la voz de las flores, ¿alguien las escucha?
Escuchar a Dios que nos habla desde dentro de
nosotros.
“Descansar” no es un tiempo improductivo.
Las grandes ideas y pensamientos brotan en el
silencio del descanso.
Las grandes inquietudes brotan en el silencio del
descanso.
Las que hoy son las grandes obras musicales
comenzaron por escucharse primero en el silencio del alma.
Las grandes obras del pensamiento brotaron del
silencio del espíritu y no del bullicio de las cosas.
“Descansar” no es marginarnos de las cosas y de las personas.
Es descansar para escucharlas dentro de nosotros.
Es descansar para sentirlas dentro de nosotros.
Es descansar para hacerlas preocupación nuestra
dentro de nosotros.
Es descansar para llenar de vida nuestra alma.
Hoy todos disponemos de mucho tiempo “libre”, pero disponemos muy poco
del “tiempo del descanso”. De ese tiempo de relajación y de paz y de serenidad,
y de silencio, y de encuentro. De ese tiempo que detiene el reloj para dejar de
vivir “tan de prisa”. Antes las carreteras eran para llegar a algún sitio pero
contemplando el paisaje, atravesar los pequeños pueblitos y ver a la gente
paseando. Hoy, las grandes autopistas son para correr y llegar pronto,
pero sin haber visto nada. No haberse deleitado nada, no haber visto nada.
Oración
Señor: Tú invitaste a los tuyos a un lugar solitario.
Hoy la soledad nos mata porque no sabemos estar a solas con nosotros
mismos.
Tú invitaste a los tuyos a descansar.
Hoy ya nos hemos olvidado de descansar. Nos aburre demasiado.
Sentimos que no hacemos nada. Y que perdemos el tiempo.
Señor: Enséñanos a descansar de nuestros ajetreos para que podamos
escucharte a Tí y escuchar el latido de las cosas y de la gente.
P. Clemente Sobrado, C. P.