Y Dios se hizo pan
Domingo
Corpus b
Dios no cabe dentro de si mismo. Y
tiene que salir de si mismo.
Y por eso Dios quiere hacerse
hombre. Toda la historia de la salvación fue toda una promesa de esta
humanización de Dios.
Dios no cabe en el cielo. Y por eso
quiso venir al mundo a compartir nuestra historia.
Uno siente que a Dios le encanta el
mundo. En los primeros días de la creación, bajaba todas las tardes, al
frescor del atardecer, a pasearse con Adán.
Pareciera que a Dios le falta algo cuando le falta
el hombre. Algo parecido a lo que les sucede a los esposos cuando les falta el
hijo.
Y ahí lo tenemos en la Ultima Cena pascual
que comió con sus discípulos. “Mientras comían, Jesús
tomó pan, pronuncio la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: “Tomad, esto
es mi cuerpo”. Dios como que no cabe en sí mimo y decide hacerse pan
de eucaristía.
Y ahí lo tenemos, cada día, encarnado en un pedazo
de pan. Además, tan chiquito que parece un papel recortado.
Dios. Hombre. Pan.
Dios. Encarnación. Eucaristía.
Encarnación y Eucaristía son los dos grandes
inventos del amor de Dios.
Porque a Dios se le agranda tanto el corazón, y la
quema tanto su amor que necesita compartirse con el hombre. Y aparece la
creación. Antes de ser, fuimos un sueño trinitario del amor de Dios. Pablo lo
dirá. “El nos eligió en la persona de Cristo, antes de
crear el mundo”… “por pura iniciativa suya”.
El amor trinitario de Dios: Padre, Hijo y Espíritu
Santo, necesita ser compartido con el hombre y con todos los hombres.
Mientras muchos carecen de pan en sus mesas, Dios
se hace pan para todos en la Eucaristía.
Mientras muchos solo pueden comer el pan duro que
les dan de limosna, Dios se hace pan fresco todos los días para que todos
puedan comerlo.
Primero fue cuerpo débil de niño.
Luego fue cuerpo fuerte de hombre.
Ahora es cuerpo hecho de pan.
Primero se nos dio como hombre en la encarnación.
Ahora se nos da como pan en la Eucaristía.
La primera encarnación de Dios llegó a su fin con la Resurrección y
Ascensión al cielo.
La nueva encarnación de Dios en el pan durará
hasta el final de los tiempos. Por eso la Eucaristía es la prolongación de la encarnación
de Dios en medio de los hombres.
La primera encarnación la llevó a cabo en el seno
virginal de una mujer llamada María.
Esta nueva encarnación Dios la lleva a cabo en las
manos humanas y sacerdotales de un hombre como todos los demás hombres. “Esta es la nueva y eterna alianza”. “Haced esto en memoria mía”.
Ya no se pasea con nosotros al frescor de la
tarde.
Ahora se pasea en nosotros todo el día en comunión
de vida y de amor.
Nuestros corazones son el nuevo vientre donde
podemos llevarlo, no durante nueve meses, sino todos los días de nuestra vida.
Y así como María lo dio a luz en el pesebre de
Belén, nosotros lo damos a luz cada día en el altar y en el amor y la comunión
con todos nuestros hermanos.
Lo damos cuando también nosotros nos hacemos, de
alguna manera, su cuerpo y nos damos y entregamos a los demás.
“Tamad y comed, esto es mi cuerpo”.
“Tomad y comed, somos cuerpo de Cristo”.
Cristo encarnado en el pan. Y nosotros
encarnándolo compartiendo nuestro pan.
El cristiano tampoco puede caber dentro de sí
mismo.
Como Dios también el cristiano necesita de los
demás hombres para expresarles su amor y compartirse en comunión de amor
fraterno.
La
Eucaristía
es “una presencia” de Dios en medio de nosotros. Y comulgar es “hacernos
presentes” en medio de los hombres.
La
Eucaristía
es el “darse y entregarse de Dios a los hombres”. Comulgar es prolongar ese
darse y entregarse de Dios a través de nuestras entregas a los hermanos.
Oración
Señor: Un día nos alegramos con tu débil cuerpo de
niño nacido en Belén.
Hoy nos alegramos con tu frágil cuerpo en la Eucaristía.
Tú te encarnaste en un pedazo de pan.
Nosotros seguimos encarnándote hoy compartiéndonos
a nosotros mismos y compartiendo nuestro pan.
Haz de nosotros una eucaristía viva en nuestro
hogar, en la calle, en medio de nuestros hermanos.
P. Clemente Sobrado, C. P.