
Abran las puertas
Domingo 2 de Pascua, Ciclo B
Las puertas están cerradas. El miedo encoge los corazones.
Señor, si vienes toca a la puerta. Está cerrada.
Señor, si vienes toca suave. Que tenemos mucho miedo.
¿Y por qué tenéis miedo?
A mi no me gustan las puertas cerradas. Yo las quiero abiertas.
Yo mismo que soy la puerta por donde tendréis que pasar todos.
Soy puerta abierta.
Mi puerta no tiene llave. Mi puerta no tiene cerrojos.
Que entre el que quiera.
No se cierra a nadie.
No me gustan las puertas cerradas.
No me gustan las puertas que impiden el paso.
No me gustan las puertas que ponen límites a los que quieren entrar.
No me gustan las puertas que ponen condiciones de ingreso.
Me gustan las puertas abiertas. Me gustan las puertas bien abiertas.
No impidáis a los demás entrar.
Que tengáis suficiente calor dentro para que entren a calentarse todos.
Que tengáis suficiente vida dentro para que entren todos los que quieren vivir.
Que tengáis suficiente amor dentro para que entren todos los que buscan ser
amados.
Yo fundé una Iglesia sin puertas.
Porque toda ella es puerta.
Yo quise una Iglesia siempre abierta. Porque es la Iglesia de todos.
Yo pensé en una Iglesia siempre abierta.
Que nadie encuentre la puerta cerrada al llegar.
Que entren todos.
Que entren los buenos.
Y también los malos.
De mi Iglesia no excluyo a nadie.
“Tengo otras ovejas que no son de este redil; también a éstas tengo que traer”.
A todos quiero darles la oportunidad. Que las leyes no cierren las puertas,
Que los hombres no cierren lo que Yo he abierto.
Ahora que sabéis que estoy vivo, que he resucitado, dejad las puertas abiertas,
aunque sea de noche.
No todos querrán entrar de día. Puede que algunos lleguen de noche.
Lo que importa es que todos amanezcan en mi casa. Duerman todos en mi casa.
Que nadie diga que no entró porque mi Iglesia estaba cerrada.
Que nadie siga fuera, porque encontró las puertas cerradas.
Abrid las puertas a lo nuevo, al cambio.
Porque mi Pascua es eso: cambio, novedad, nueva creación, mundo nuevo y hombre
nuevo.
Abrid las puertas al hoy de Dios en la historia, porque Dios siempre es novedad
y Dios siempre es Pascua.
Abrid las puertas al hoy de Dios en vuestras vidas, porque Dios os quiere nuevos
cada día.
Abrid las puertas al hoy de Dios en mi Iglesia, porque Dios quiere una Iglesia
nueva y renovada cada día.
¿No os dijo aquel amigo mío, el Papa bueno, Juan XXIII que era preciso “abrir
las puertas para que entrase aire fresco”?
Abrid las puertas. No pongáis portero.
Que todo quede abierto, de día y de noche.
Quiero una Iglesia sin puertas.
No quiero una Iglesia que, por miedo al error o a equivocarse, impida el avance
de la verdad.
Es preferible correr el riesgo de equivocarse a renunciar a ver salir el sol
cada mañana.
Es preferible equivocarse, porque el que se equivoca puede retroceder y
corregirse.
Pero nadie puede beber el agua que ya pasó por el río.
Quiero una Iglesia sin puertas, porque Yo soy la puerta. Para que todos pueden
entrar.
Oración
Señor: Tenemos demasiadas puertas y tenemos demasiadas llaves.
Que esas llaves del amor no cierren sino que abran todas las puertas.
Las de nuestras casas, para acoger a todos.
Las de nuestras mentes, para que estén siempre dispuestas a abrirse a la verdad.
Las de nuestros corazones, para que no excluyan a nadie.
Aunque Tú puedes entrar aún con las puertas cerradas,
nosotros preferimos que entre con las puertas abiertas de par en par.
P. Clemente Sobrado, C. P. |