 A pesar de todo, yo amo a mi
Iglesia
Domingo 3ro. Cuaresma, Ciclo B
El Evangelio de hoy nos tiene que
hacer reflexionar sobre la Iglesia y sobre nosotros que somos Iglesia. Tengo que
re- conocer que la Iglesia tiene mala literatura hoy. Los hay tan torpes como
Saint-Cyran escri- biendo a San Vicente de Paúl: “Sí, yo lo reconozco: Dios me
ha dado grandes luces. El me ha hecho comprender que ya no hay Iglesia. Dios me
ha hecho comprender que hace cinco o seis siglos que ya no existe la Iglesia.
Antes de esto la Iglesia era un gran río que llevaba aguas transparentes, pero
en el presente lo que nos parece ser Iglesia ya no es más que cieno. La Iglesia
era la esposa, pero actualmente es una adúltera y una prostituta. Por eso la he
repudiado y quiero que la sustituya otra que sea más fiel”.
Que hay atrevidos los hay. Que se
las dan de profetas, también. Pero que se atrevan a hablar en nombre de Dios
“que se lo hecho comprender” ya pasa de atrevimiento. Que la quiere más fiel,
eso lo queremos todos. Pero que “otra” y no la misma ya me huele a cualquier
cosa y con cierto tufillo a protestante.
Tenemos que reconocer que hoy se
conocen más los defectos de la Iglesia que sus virtudes. Se dice “Cristo sí,
Iglesia no”. Pues yo amo a mi Iglesia, ya que ha sido ella la que me ha dado a
Cristo. Sin Iglesia ¿cómo llegaríamos a conocer a Cristo? Y cuando digo que creo
en la Iglesia estoy afirmando que creo en Cristo. “Lo mismo que cuando afirmo
que estoy bebiendo un baso de vino, lo que realmente bebo es el vino y no el
baso”. Pero sin baso ¿cómo beber el vino?
¿Qué la Iglesia tiene defectos?
Los tuvo, los tiene y los tendrá, al menos mientras la Iglesia esté compuesta
por cada uno de nosotros. Me encanta la comparación de José Luís Martín Descalzo
cuando escribe comentando a Bernanos: “Siempre que yo me monto en un tren, sé
que la historia del ferrocarril está llena de accidentes. Pero no por eso dejo
de usarlo.”
“La Iglesia, escribe Bernanos, es como una compañía de transportes que, desde
hace dos mil años ha tenido que contar con muchos descarrilamientos, con
infinidad de horas de retraso. Pero hay que decir que, gracias a sus Santos, la
compañía no ha quebrado”.
Que la Iglesia ha tenido
descarrilamientos, los ha tenido. Y que con frecuencia también camina con muchas
horas de retraso, también es cierto. Pero ¿no sucede también esto en la vida?
Vamos al aeropuerto y lo primero que hacemos es mirar el Tablero de Vuelos. Y
vemos cantidad de cosas: “Vuelo suspendido”. “Vuelo con retraso”. “Llegada no
confirmada”. “Vuelo en hora”. ¿Qué los aviones son seguros? Lo son. Pero cuántos
accidentes también y con cantidad de muertos. Y cuando los técnicos encuentran
la famosa “Caja negra” sacan sus conclusiones: “fallo mecánico”. Pero también
dicen: “fallo humano”. Y la mayoría de las veces son fallos humanos.
Por eso, tanto los trenes, como
los autobuses, como los aviones necesitan de mantenimiento. Lo mismo le sucede a
la Iglesia. También ella “necesita mante- nimiento”. Un mantenimiento que
nosotros llamamos “conversión”. Necesita entrenamiento de los Pilotos. Pero
también de los mecánicos y del personal de tierra. Lo mismo le sucede a la
Iglesia. Necesita entrenamiento de los pilotos que son los pastores. Necesita
entrenamiento del personal de tierra que somos todos nosotros.
¿Que con frecuencia hay piezas que
se deben reemplazar? Es evidente. ¿Qué con frecuencia también en la Iglesia se
necesita reemplazar piezas? Muchas más de lo que pensamos. Pero reemplazar
piezas no significa decir que la Iglesia ya no sirve. Jesús no le puso una bomba
al templo por ser inútil. Lo que hizo fue echar de ella toda la quincalla que
estorbaba el paso y que deformaba el verdadero sentido del Templo: “no
convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”.
La Iglesia es algo muy ambiguo,
como diría De Lubac. Es divina pero es humana a la vez. Es de Dios y es de los
hombres también. Está gobernada por Cristo, pero también por los hombres. La
Iglesia no falla en lo que tiene de divino, sino en lo que tiene de humano. La
Iglesia no falla por ser de Dios, sino por nuestros fallos e infidelidades
humanas. No falla por ser gobernada por Cristo, sino por las deficiencias del
gobierno de los hombres.
Yo amo la Iglesia de Cristo. Pero
también amo a la Iglesia defectuosa de los hombres. Porque, gracias a sus
defectos humanos, yo puedo estar y seguir en la Iglesia. Yo amo a la Iglesia de
Cristo y a la Iglesia de los hombres, aunque por causa de los hombres, muchas
veces, llegue con horas y días y hasta años de retraso. Porque entonces no seré
yo quien critique a la Iglesia, sino que tendré que criticarme a mí mismo que
soy la causa de que la Iglesia no llegue a tiempo, ni de que sea siempre tan
fiel, ni de que sea siempre tan transparente como Jesús la quisiera.
Oración
Señor: Tú limpiaste a escobazos el Templo porque había dejado de ser la casa del
Padre. Es posible que tengas que volver a tomar la escoba entre tus manos y
limpiar muchas cosas que tampoco nos convierten hoy en la casa de tu Padre.
Pero Tú ya nos conoces demasiado. Y la conoces demasiado bien.
Porque a pesar de sus defectos, aún sigue habiendo cristianos Santos, capaces de
renovarla y darle nueva vida. Es posible que los Santos sean los que impiden que
tu Iglesia entre en la quiebra, a pesar de que los demás seamos bastante
mediocres.
P. Clemente Sobrado, C. P. |