 “Lo que Dios ha unido…..”
Domingo 7mo. Tiempo Ordinario, Ciclo B
Sí. Lo que Dios ha unido “que no lo separe el hombre”. Si bien el texto se dice
de la pareja, hay otras muchas cosas que Dios ha unido y que nosotros separamos.
Dios ha unido cuerpo y alma: e hizo al hombre.
Dios ha unido al hombre y a la mujer: e hizo la pareja.
Dios ha unido la historia de la salvación y la salvación de la historia: una
sola historia.
Dios ha unido: lo divino y lo humano: en la encarnación de su Hijo.
¿Y a qué viene todo esto? Hasta ahora Jesús sanaba los cuerpos. Todas son
curaciones de los cuerpos.
Pero en el Evangelio de hoy Jesús nos habla también de la sanación del alma.
“Hijo, tus pecados quedan perdonados”.
Le traen un paralítico para que lo cure. Nadie le había pedido que lo confesase
para que pudiese comulgar. Y Jesús se olvida de la parálisis del cuerpo y
comienza por sanarle el alma. Y ahí comienza el tremendo escándalo de los
“escribas” que están siempre al acecho.
Que sane los cuerpos, todo lo que quiera.
¿Pero que ahora se meta a perdonar pecados?
Dos visiones diferentes sobre el hombre:
Para los escribas cuerpo y alma son realidades diferentes.
Para Jesús el hombre es un ser integral: cuerpo y alma.
Ya había curado muchos cuerpos.
Pero eso no era sino una parte del hombre.
Y ahora quiere demostrar que no basta curar los cuerpos sino también las almas.
Es preciso sanar y curar al hombre integralmente: cuerpo y alma, materia y
espíritu.
Dios no nos hizo solo cuerpos, ni solo estómagos.
Dios nos hizo también seres espirituales.
No como dos realidades paralelas sino como una sola realidad.
Ni el cuerpo sin el alma.
Ni el alma sin el cuerpo.
Sino un todo: cuerpo y alma.
Hemos hablado mucho de “salvar mi alma”, pero hemos hablado poco de “salvar el
cuerpo”. No resucitaremos solo con el alma, sino que la resurrección nos
resucitará enteros, como personas, cuerpo y alma.
Tenemos que valorar el alma.
Pero también es preciso valorar el cuerpo.
El cuerpo no es una basura que se tira.
Ni el alma una perla que hay que guardar bien.
Jesús, al paralítico comenzó por sanarle primero el alma, para luego sanarle el
cuerpo. Lo sanó enterito. Todos quisiéramos que nos sanase de nuestras
enfermedades físicas. Y posiblemente demos menos importancia a la sanación de
nuestras almas, olvidando que muchas de nuestras enfermedades las sentimos en el
cuerpo, pero nacen del alma. “Mente sana en cuerpo sano y cuerpo sano en mente
sana”.
Durante mucho tiempo diera la impresión de que solo nos interesaba el alma y nos
olvidábamos del cuerpo. En cambio hoy, uno siente que hemos invertido los
papeles. Hoy todo se centra en el cuerpo y, si nos acordamos, algún día por ahí,
pensamos también en el alma. Vivimos la manía de dividir lo que Dios ha unido.
Para muchos, la Iglesia tiene que centrarse en el cuidado y cultivo de nuestras
almas.
Para otros, eso se llama espiritualismo.
Para muchos, la Iglesia tiene que dar de comer a los necesitados.
Para otros, eso se llama materialismo.
Cuando en realidad la misión de la Iglesia debe ser la de asumir al hombre
entero, cuerpo y alma. Ni solo el alma sino también el cuerpo. Ni solo el cuerpo
sino también el alma. La Iglesia no puede dividir ni separar lo que Dios ha
unido.
El hombre es un ser inmanente.
Y también un ser trascendente.
El hombre pertenece al mundo y pertenece al cielo.
La felicidad del hombre tiene que ser humana y espiritual.
Tenemos que atender a las necesidades espirituales del hombre.
Y tenemos que atender a sus necesidades humanas.
Ni un compromiso solo espiritualista.
Ni solo un compromiso humanista.
Jesús ni es un humanista ni un espiritualista. Jesús asume al hombre entero.
Por eso lo quiere sanar en su alma y en su cuerpo.
No quiere que la gente lo tenga por un simple curandero.
Y por eso sana también el alma liberándola del pecado, que es la peor enfermedad
del alma.
Y además les quiere demostrar que es mucho más fácil sanar el cuerpo que el
alma. Y hace que la curación de los cuerpos pueda ser una señal de la necesidad
y también de su poder de curación de las almas. “Pues para que veáis que el Hijo
del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados, dijo al paralítico:
“Levántate, coge tu camilla y vete a casa”.
Oración
Señor: Danos esa visión integral del hombre.
Que demos de comer al hambriento que no tiene pan. Pero que también le regalemos
el pan de tu Palabra que alimenta su espíritu.
Que despertemos en él una visión de su cuerpo como la que tiene de su alma.
Que le ayudemos a ser feliz en su cuerpo, pero también hagamos posible la
felicidad espiritual de su alma.
P. Clemente Sobrado, C. P. |