Cuidado con
las monedas falsas
Domingo 29 Tiempo
Ordinario, Ciclo A
Somos especialistas en poner la zancadilla al otro.
En poner trampas en el camino. ¡Cuánto nos cuesta
hacer preguntas sinceras y honestas? En mi tierra se dice que el gallego
siempre responde a una pregunta con otra pregunta. ¿Sería Jesús gallego? Porque
también [El, cuando le hacen preguntas capciosas, responde con otra pregunta.
Sólo que su pregunta trasciende a la pregunta que le hacen y los sitúa en un
plano superior. Jesús no se enreda con el problema del pago del tributo o el
impuesto al César. Y pasa a poner las cosas en su verdadero lugar.
Al dinero en las manos del César, y al hombre en
las manos de Dios. Lo que da verdadero valor al dinero, llámese monedas o
billetes, es la imagen que lleva impresa y las firmas que avalan su
autenticidad. Como la moneda lleva la imagen del César le pertenece. “Dad al César lo que es del César”.
Pero hay otra moneda circulante por la vida más
importante que el denario del César. Es la moneda llamada hombre. Y el hombre
lleva también impresa una imagen que es la que le da el verdadero valor. Y
lleva una firma que le autentica como válido y auténtico. El hombre lleva la
imagen de Dios. “Hagamos
al hombre a imagen y semejanza nuestra”.
El circulante monetario tiene su respaldo en el
Banco Central. El hombre tiene su respaldo nada menos que en el amor y la
gratuidad de Dios. Dinero y hombre son realidades distintas. El dinero se ha creado
para el servicio del hombre. Pero el hombre no ha sido
creado para servir al dinero.
El denario no tiene conciencia de su propio valor.
Vale lo que los hombres queremos que valga. Unas veces lo revaluamos y otras lo
devaluamos. Está a merced de la Bolsa de Valores y de la economía del país.
Por el contrario, el hombre está llamado a tomar
conciencia de su propia valía. El hombre está llamado a tomar conciencia de no
ser cualquier cosa, sabiendo que él lleva impresa en su propio ser nada menos
que la imagen de Dios que es la que le da su verdadero valor. El valor del
hombre no depende de los vaivenes de la Bolsa, ni del Ministerio de economía.
El hombre tiene siempre el mismo valor. Es la moneda más segura
Y sin embargo hay hombres que aún no han descubierto
su verdadero valor, su verdadera dignidad. Hombres que se creen menos que el
dinero. O que prefieren el dinero a su dignidad. Prefieren llevar la imagen del
César que la imagen de Dios.
Y por eso, así como hoy corren por ahí monedas y
billetes falsificados, ¿no andarán también por nuestras calles hombres
falsificados? Hombres que parecen hombres, pero que en realidad han falsificado
la imagen de Dios cambiándola por cualquier otra imagen.
Cuando queremos que alguien recupere la conciencia
de sí mismo, la conciencia de lo que vale, solemos recordarle lo que hace, los
triunfos que consigue, los éxitos que le acompañan. ¿Pero alguien le recuerda
que su verdadero valor y dignidad se lo da el ser imagen de Dios, llevar
impresa la imagen de Dios en su vida? Se nos valora por cosas accidentales y
secundarias. Y no se nos valora por lo que es esencial a nuestro ser.
Pero tampoco faltan falsificadores de los hombres.
Falsificadores que nos proponen modelos falsos de humanidad. Falsificadores de
hombres que nos convierten en máquinas de producción, en máquinas de placer, en
máquinas de tener, en máquinas robot.
Falsificadores del hombre que dan más valor a las
monedas o billetes del Banco Central de Reserva que a su verdadera condición
humana. Hombres que se compran y se venden. Hombres que marginamos y excluimos.
Hombres a los que podemos eliminar si nos estorban para nuestros intereses
personales. Hombres que viven en condiciones infrahumanas. Hemos suscrito la
Carta de los Derechos humanos, pero seguimos tratándonos como billetes falsos,
como monedas falsas, porque le hemos borrado la imagen de Dios impresa en cada
rostro y en cada corazón.
Las preguntas abundan:
¿Cómo
te valoras a ti mismo?
¿Cómo
valoras a los demás?
¿Cómo
te sientes valorado por los otros?
¿No
te sientes billete o moneda falsificada?
Oración
Señor:
Tú respetas el denario del César.
Pero
exiges que también nosotros respetemos al hombre hecho
a
imagen y semejanza del Padre.
Hay
demasiados billetes falsos que circulan de mano en mano.
¿No
habrá también demasiados hombres y mujeres falsificados
circulantes
por el mundo?
Sabemos
que el dinero es importante.
Pero
también sabemos que más importante es el hombre.
Que más
importante es la imagen de Dios que todos llevamos impresa.
Que
cada vez que vemos a un hombre o a una mujer podamos reconocerte a ti,
como
reconocemos las imágenes de nuestras monedas y nuestros billetes.
P.
Clemente Sobrado, C. P.