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Aquí en la Parroquia, un grupo de teatro pidió para escenificarla. A las dos
semanas debieron retirar la Obra, porque el escándalo de las viejas de la
parroquia fue grande. ¿Cómo es posible que en una Parroquia se estén dando este
tipo de teatros? Fue tal el jaleo, que la compañía se retiró por falta de
público.
Recuerdo que cuando la obra se inauguró en Bilbao, me
coincidió con mis vacaciones. Las paredes estaban empapeladas con su anuncio.
Los periodistas siempre inquietos le hicieron una entrevista al autor, un
extraordinario sacerdote.
Recuerdo que le preguntaron si no le parecía demasiado
fuerte el título. José Luis contestó: que conste que lo único que precisamente
no es mío es el título, porque el título se lo debo al mismo Jesús.
Hay verdades, cuyo solo título, nos hacen daño, aún
sin ver su contenido. El solo nombre de prostituta ya ponía los pelos de punta a
las viejas de mi parroquia. Claro que no estoy seguro si estarían tan
escandalizadas de saber que sus maridos alguna vez anduvieron por esos rincones
de la vida y que sus hijos todavía hacen sus visitas periódicas.
Yo no sé si el escándalo provenía de
.
¡La hipocresía humana es tan grande! No podían
permitir que un Cristo Crucificado pudiese conservarse en una casa dedicada a la
prostitución. Y los mismos que trataban de rescatarlo eran clientes normales y
ordinarios de la misma casa. Y fueron ellas, las prostitutas las que se
resistieron a que les quitasen aquel Cristo ante el que cada día oraban y
rezaban y entre las que Cristo se encontraba más a gusto que en medio de tanto
fariseo hipócrita que a veces llana nuestras Iglesias. Era su mundo, el mundo de
los enfermos, el de los pecadores, el de los publicanos. El mundo de las que
sentían que lo necesitaban, porque era el único que las podía comprender. El
resto las utilizaban y compraba cada día sus cuerpos.
Con frecuencia, Jesús tiene frases que pueden
desnudarnos en público. Y que El las decía con toda libertad y sin miedo al
juicio y la crítica de los
,
pero cuya bondad era el mayor obstáculo para abrirse al Reino de los cielos.
A veces, no es
el pecado de la debilidad humana, lo que más nos distancia de Dios, sino
precisamente la falsa o la aparente bondad.
El creernos lo
suficientemente buenos que ya ni necesitamos de Dios.
El creernos
tan buenos, que hasta el mismo Dios queda en deuda con nosotros.
El creernos
tan buenos, que nos autoriza a condenar a medio mundo.
El creernos
tan buenos, que nos da carta de garantía para juzgar a todos.
El creernos
tan buenos, que da derecho de decidir quiénes han de entrar en el cielo y
quiénes no.
El creernos
tan buenos, que no aceptamos la corrección de nadie.
El creernos
tan buenos, que de buenos nos hemos convertido en unos inútiles.
Ciertas frases pueden sonar a escándalo. Pero estoy
convencido que necesitamos de alguien que, de cuando en vez, nos escandalice,
aunque no sea sino para despertarnos de nuestra modorra espiritual y abrir
nuestro corazón al Evangelio. El peor obstáculo que Dios encuentra en nuestro
corazón para hacernos santos, puede que sea el creernos ya demasiado buenos.
Oración
Señor: A
veces eres muy poco cortés con los que nos creemos buenos.
Nos echas en
cara que nuestra bondad no pasa de unas palabras bonitas
o de una
simple máscara.
Y
necesitamos que alguien nos desnude.
Que alguien
nos diga nuestra verdad, por más que nos duela.
Tú no eres
de los que gustan de las palabras bonitas.
Tú eres de
los que exige vida.
Es fácil
decirte que sí, y luego hacer de nuestra vida un no.
Señor: la
verdad duele. Pero la verdad también nos sana.
Sana hoy
nuestros corazones si no son lo que tú esperarías de nosotros.
P. Clemente Sobrado, C. P.