¿Cómo estáis
aquí el día entero sin trabajar?
Domingo 25 a del ordinario
La pregunta de la parábola, ¿qué estáis
haciendo aquí el día entero sin trabajar?”
tiene resonancias hondas y profundas también hoy en la Iglesia. Aquellos
viñadores dieron una respuesta comprometedora: Nadie nos ha
contratado.
La culpa no es nuestra. Nosotros estamos dispuestos a
trabajar. Pero nadie quiso contar con nosotros hasta que tú has llegado.
¿Acaso crees que nos gusta que la gente nos vea
como unos holgazanes?
¿A caso crees que estamos por gusto aburridos aquí
sin hacer nada?
La pregunta es preciso revertirla hoy en la Iglesia
a nuestros seglares.
¿Qué hacéis vosotros bautizados en la Iglesia y en
el mundo?
¿Qué hacéis vosotros, seglares creyentes, cruzados
de brazos, viendo pasar la vida y la historia?
La respuesta puede ser también muy directa y
comprometedora:
¿Acaso la Iglesia ha contado con nosotros?
¿A caso la Iglesia nos ha llamado para escucharnos?
¿A caso la Iglesia nos ha llamado para
encomendarnos algo?
Toda nuestra vida hemos sido puros “oyentes” porque se nos ha negado la voz en la
comunidad.
Toda nuestra vida hemos sido pasivos, receptores de servicios clericales, pero a nosotros
nadie nos ha contratado en la Iglesia.
¿A caso no lo han querido hacer todo los curas?
¿A caso no ha sido una Iglesia clericalizada
en todo?
Los curas y las monjas, más aquellos que éstas, lo
han hecho todo ellos.
A nosotros no nos han dejado sitio donde hacer
algo.
¿Cuándo habéis contado con nosotros?
¿Cuándo habéis delegado muchas de vuestras
funciones en nosotros?
¿A caso
éramos los eternos menores de edad en la Iglesia?
Hemos vivido demasiado tiempo la Iglesia de los curas. Ya está
siendo hora de que vivamos la Iglesia de los seglares. Y por ese camino ha comenzado a
caminar la Iglesia de hoy, por más que aún no logre
romper del todo las amarras. Tenemos frases bonitas sobre los seglares, pero
aún nos cuesta mentalizarnos y delegar responsabilidades.
La Constitución sobre la Iglesia del Concilio
Vaticano II definió a los laicos: los cristianos que están incorporados
a Cristo por el bautismo, que forman el pueblo
de Dios y participan de las funciones de Cristo: sacerdote, profeta y rey.
Ellos realizan según su condición, la misión de todo el pueblo cristiano en la
Iglesia y en el mundo.
(LG.31)
Y el Documento de Puebla dijo de los seglares son hombres de la Iglesia en el
corazón del mundo, y hombres del mundo en el corazón de la Iglesia. (DP 786)
Y más recientemente el Documento Aparecida nos
dice: Los laicos
también están llamados a participar en la
acción pastoral de la Iglesia, primero con el testimonio de su vida y, en
segundo lugar, con acciones en el campo de la evangelización, la vida litúrgica
y otras formas de apostolado, según las necesidades locales bajo la guía de sus
pastores. Ellos estarán dispuestos a abrirles espacios de participación y a
confiarles ministerios y responsabilidades en una Iglesia donde todos vivan de
manera responsable su compromiso cristiano. (Aparecida 211)
“Abrirles
espacios de participación.
Es la ahora de que nosotros vayamos dejando muchas cosas y dejarles más espacio
a los seglares.
“Confiarles
ministerios y responsabilidades.
Hay muchos ministerios que los seglares pueden desempeñar. Pero haciéndoles a
ellos responsables no simples monaguillos donde todo lo tengamos que decidir
nosotros. No hay verdadera responsabilidad donde no hay decisiones personales.
Hemos decidido demasiado
por ellos.
Dejemos que ahora decidan
por sí mismos.
Dejémosles
tomar iniciativas.
Dejémosles
ser creativos.
Dejémosles
equivocarse como también nosotros nos equivocamos.
Dejémosles
hacer, no lo queramos hacer todo nosotros.
Dejémosles
hablar y tengamos lamente abierta a lo que nos dicen.
Démosles
espacios donde puedan hacer una crítica constructiva.
“Seglares
cristianos id también vosotros a
mi viña.
“Seglares
cristianos asumid vuestras responsabilidades
en la Iglesia.
Oración:
Señor:
Somos demasiados los que seguimos en la plaza sin hacer nada.
Nosotros
los sacerdotes nos hemos creído que somos toda la Iglesia.
Que sin
nosotros la Iglesia va al fracaso.
Y hemos
olvidado que tu gran Iglesia es el Pueblo de Dios.
Este
Pueblo de Dios que hemos tenido abandonado en la plaza, mientras tantas cosas
quedaban sin hacer en tu Iglesia.
Danos
el coraje de dejar de sentirnos dueños de tu Iglesia.
Danos
el coraje de dar paso a nuestros seglares, que también ellos sientan tu
invitación a trabajar en tu viña.
P.
Clemente Sobrado, C. P.