Se compran cruces
Exaltación
de la Santa Cruz, Domingo 24, Tiempo Ordinario, Ciclo A
Paseando por
una calle me encontré con un letrero muy raro. Se compran cruces. Antes había
visto otros que decían: se compran antigüedades, se compra oro, se compran
joyas antiguas. Pero se compran cruces me pareció muy extraño.
Vencido
por mi curiosidad entré. La verdad que no llevaba cruz alguna para venderla.
Una señorita muy amable me recibe y me pregunta sonriente: ¿y cuál es su
problema?
Me sentía
totalmente desubicado y no acertaba a responderle. Pues, problema que se diga,
ninguno. Ya sé, me dijo: usted ha entrado por lo del letrero. Un tanto aliviado
le dije que sí, que me parecía algo extraño que alguien se dedicase a comprar
cruces, y que me interesaba saber de qué se trataba.
Pues,
aunque le parezca extraño, nosotros somos unos anticuarios y nuestra
especialidad es comprar cruces antiguas que muchas veces existen en las casas y
que para nosotros son de gran valor comercial. Esta, por ejemplo, se encontró
en un cementerio del siglo III. Su valor es de siete mil dólares. Esta otra es
del siglo XII. Está un poco maltratada pero es de gran valor. En cambio, en
esta parte las tenemos más modernas. Las hay de todos los estilos
renacentistas, góticas y hasta esta otra de tipo
barroco.
La
respuesta de la chica me tranquilizó y me sacó de apuros, pero me complicó
también más mi mente. Recién me enteraba de que las cruces pudieran venderse y
comprarse. Además, no salía de mi asombro con eso de que las cruces antiguas y
aún las modernas tienen un valor comercial.
El negocio
llega hasta a las cruces. ¡Increíble, y pensar que el primero que llevó su cruz
a cuestas no pagó nada por ella, pero sí pagó mucho con ella! En mi interior
hablaba conmigo y hablaba con él: Señor, ¿te has dado cuenta de cómo los
hombres todo lo convertimos en dinero? A ti nunca se tu hubiera pasado por la
cabeza hacer negocio ni con tu cruz ni con nuestras cruces. Porque, en
realidad, con el amor no se puede negociar.
Cuando
salí fuera, seguía pensando. Y se me vino una idea. El único que pudiera pensar
en un comercio de cruces es, sin duda alguna, Dios. El sí puede poner un
letrero bien visible: Aquí se compran cruces. Porque Dios se dedica a
coleccionar nuestras cruces. Porque Dios no quiere vernos sufrir y prefiere
quedarse él con nuestras cruces para que nos duelan menos a nosotros. Porque
Dios se queda con todas las cruces que logra levantar de nuestros hombros. Porque
Dios colecciona todas las cruces de los hombres, porque cada vez que las mira,
contempla la Cruz de su Hijo y le duele que nosotros, sus hijos, tengamos que
seguir sufriendo.
Y no es
que Dios nos pida nuestras cruces para ponerlas luego en venta. Dios no vende
cruces a nadie. Dios no reparte cruces a nadie. Tampoco negocia con nuestras
cruces como tantas veces pensamos. Dios me envió esta cruz. ¿Alguien puede
mostrarme la cruz enviada por Dios? Yo conozco muchas cruces, pero no enviadas
por Dios, sino elaboradas por nosotros mismos o por los que nos rodean.
Dios es
una especie de almacén de antigüedades y modernidades. Porque se dedica a
aliviar nuestros dolores y sufrimientos. Prefiere ver sus hombros cargados bajo
el peso de la cruz, que vernos a nosotros crucificados.
Dios
compra nuestras cruces no por negocio, sino para hacernos más felices.
Dios
compra nuestras cruces no para ganar dinero vendiéndolas luego como
antigüedades, sino comprándolas al precio de su amor.
Dios
compra nuestras cruces y las hace suyas, para que en el mundo haya menos cruces
y menos sufrimientos.
Dios
compra nuestras cruces porque le recuerdan la Cruz de su Hijo.
Dios
compra nuestras cruces porque las va pegando todas a la Cruz de su Hijo.
Dios
compra nuestras cruces porque todas ellas son como pequeñas astillas de la Cruz
de su Hijo.
Dios
compra nuestras cruces porque se parecen a la Cruz de su Hijo.
Dios
compra nuestras cruces porque son pedazos de nuestras vidas.
Dios compra
nuestras cruces porque son pedazos de nuestro corazón humano.
Dios nos
vende cruces. Dios nos compra las nuestras.
Dios no
quiere cruces sobre nuestros hombros.
Dios
prefiere cargar la suya y todas las nuestras.
Oración
Señor: ¿te das cuenta cómo los hombre
hemos devaluado tu Cruz?
Hasta nos sirve para hacer negocio.
Hay fábricas que se dedican a hacer cruces.
Las hacen de todos los valores: en
madera, en oro, en plata,
y algunos hasta se llevan la cruz con
piedras preciosas.
Las hacemos bonitas para que la gente
compre.
Y es posible que nos hayamos
acostumbrado a llevar la Cruz, sin pensar en tu Cruz.
Le llevamos de adorno. Pero sin más
sentido que el estético.
Enséñanos el verdadero valor de Cruz:
la cruz como entrega, la cruz como
servicio,
la cruz como revelación del amor del
Padre.
Enséñanos a llevar tu cruz como
protestas por todas las cruces inútiles
que cargamos sobre el hombro de nuestros
hermanos.
Clemente Sobrado C. P.
www.iglesiaquecamina.com
(Si este mensaje te ha dicho algo,
compártelo con tus amistades)