¿Qué queda de Simón en Pedro?
Dom 13 a
SS. Pedro y Pablo
El Domingo 13 del Tiempo Ordinario, Ciclo A, cede hoy el lugar a la fiesta de las dos grandes figuras
de la Iglesia: Pedro y Pablo. Un día
en el que se dirán maravillas del uno y del otro. Y no es para menos, pues sus
figuras son claves en la Iglesia. Y eso no lo podemos negar.
Sin embargo, yo quisiera ser más realista. Y partir de una
pregunta que pudiera parecer extraña: ¿Qué queda de Simón en Pedro? Porque primero fue Simón. Y Jesús llamó a
Simón. Luego le cambió el nombre por el de Pedro.
Simón, el hombre del lago y de la barca y de la pesca.
Pedro, el
hombre de la Iglesia. La roca sobre la que Jesús quiere fundar su Iglesia.
Y todos lo recordamos como Pedro.
Y todos lo recordamos como el hombre de las “llaves”.
Pero, la pregunta es ¿y qué quedó de Simón, el del Lago,
en el Pedro de la Iglesia?
¿Desapareció el verdadero Simón?
¿Se quedó solamente el Pedro?
¿O más bien tendríamos que decir que hay en él una mezcla
de Simón y de Pedro?
El Pedro de la
Iglesia no deja de ser el Simón del Lago.
A pesar de que Jesús le cambió de nombre, sin embargo,
inmediatamente florece el Simón que no logra entender a Jesús y hasta trata de
disuadirle de sus planes y proyectos. Sigue vivo el Simón que busca el
triunfalismo mesiánico de Jesús y no acepta la historia del Jesús crucificado.
Sigue siendo el Simón que pelea con el resto sobre la
primacía en el nuevo Reino. ¡Quién va a ser el mayor
de todos?
Sigue siendo el Simón creído de sí mismo que prefiere
morir él por el mismo Jesús. No entiende que Jesús muera por él, pero él si
cree que puede dar la vida por Jesús.
Sigue siendo el Simón cobarde y con miedo que niega a
Jesús la noche de la Pasión.
No es cuestión de cambiar simplemente de nombre. La gracia
no destruye a la naturaleza. Pedro
no destruye a Simón. Y esto se presta para una mejor comprensión de la Iglesia.
El Bautismo nos hace hijos de Dios, pero no borra nuestra
condición de hijos de nuestros padres, ni nuestra herencia genética ni nuestra
personalidad, ni nuestra sensibilidad y nuestro mundo afectivo, ni nuestras
ideas.
Los Papas cambian de nombre cuando son elegidos. Pero no
por eso dejan de ser lo que eran. Juan Pablo II seguirá siendo Karol Wojtyla,
el hombre de la experiencia del marxismo. Benedicto XVI no dejará de ser Joseph
Ratzinger, el hombre profesor de teología y Prefecto de la Congregación de la
fe. Por eso mismo, todos ellos tratarán de conservar la fidelidad a la Iglesia de
Jesús, pero cada uno le imprimirá su propia personalidad.
Como bautizados todos somos Iglesia. Pero todos nosotros
arrastramos nuestra cultura y nuestra propia historia. Los Papas son la cabeza
visible de la unidad de la Iglesia, pero todos ellos siguen llevando consigo su
propia historia humana.
Y lo difícil ahora es ¿qué queda de nuestra herencia
biológica y cultural en la experiencia de nuestra fe bautismal?
¿Qué queda de Wojtyla en la experiencia de su misión como
Papa?
¿Qué queda de Ratzinger en la experiencia pontificia de
Benedicto XVI?
Es posible que en todos nosotros, “Pedro”, quede latente mucho de “Simón”.
¿Y cómo distinguir al Simón del Pedro
que todos llevamos dentro? No es fácil a Pedro
desprenderse del Simón de antes. No será nada fácil en la Iglesia olvidar el “Simón”
que todos llevamos en nuestros genes.
Y por eso, no debemos escandalizarnos de que, más de una
vez, aflore el Simón, incluso por encima del Pedro
en la Iglesia. Las ansias de triunfalismos. Las ansias de poder. E incluso
nuestros miedos en la hora de la Pasión de la Iglesia.
Porque, ¿alguien pondrá en duda de que también la Iglesia
busca sus triunfalismos?
Porque, ¿alguien pondrá en duda de que también en la
Iglesia se dan las ansias de poder, de estar arriba y ser el primero?
Porque, ¿alguien pondrá en duda de que también en los
momentos difíciles de afrontar los cambios que nacen de la Pasión, también
sentimos miedos, indecisiones y hasta preferimos evadir los verdaderos
problemas que hoy nos plantean los hombres y las culturas?
¿Cómo distinguir en la Iglesia a “Simón”
de “Pedro”?
¿Cómo distinguir en la Iglesia su condición humana de su condición divina?
¿Cómo distinguir la Iglesia de los hombres de la Iglesia
Trinitaria?
¿Cómo distinguir la Iglesia Pueblo de Dios de la Iglesia
de Jesús?
¿Dónde están las fronteras? ¿Dónde están los límites?
¡Si al mismo tiempo Simón es Pedro
y Pedro es Simón!
Pedro tendrá
que ser fiel a Jesús y Simón tendrá que ser fiel a sí mismo.
La Iglesia tendrá que ser fiel a Jesús, pero tendrá que
ser fiel también a Dios en la historia de los hombres. Fidelidad al Evangelio y
fidelidad a las legítimas aspiraciones, problemas e interrogantes de los
hombres en cada momento de la historia.
Oración
Señor: queremos
ser fieles a tu evangelio y queremos ser fieles a los hombres.
¿A caso
el Evangelio no quiere ser la Buena Nueva para los hombres
y todos
los hombres?
Sabemos que no
es fácil separar en nosotros a Simón y a Pedro.
Por eso
necesitamos de tu Espíritu para que nos ayude en nuestro discernimiento.
Un
discernimiento de lo humano y de lo divino de la Iglesia.
Un
discernimiento de evangélico y de lo cultural de la Iglesia.
P. Clemente Sobrado, C. P.