 Vispera de una Gran Pascua
Al comenzar la Cuaresma, el frontal de la Página WEB de la Diócesis de Arecibo
se reviste de gala. Es la víspera del gran Aniversario de la Diócesis, las Bodas
de Oro, cincuenta años de vida y servicio.
Que esta imagen inspire a quien visite nuestra
Página, nuestra Casa de Iglesia. Y ojalá visualice y contemple a esa luz nuestra
vida y proyectos.
La primera marca ha de ser la huella de Dios:
El pasó por aquí y todo lo hizo perfecto. Le estamos muy agradecidos y le
bendecimos. La segunda marca sería la impronta de los hombres y mujeres que se
envolvieron en el plan de Dios y le dedicaron lo mejor de sus capacidades. Son
nuestros padres en la familia de la Iglesia. Otra marca es también la mancha de
nuestras deficiencias. Todo el ejercicio de la Cuaresma nos ha de llevar a
borrar los signos de la muerte y revivir las semillas de vida eterna. Sobre esta
reconstrucción proyectamos un verde de esperanzas y compromisos de futuro.
Celebraremos nuestra Pascua en novedad de
sentimientos, llenos de la confianza en el Resucitado, intensificando la
comunión de corazones, de propósitos y de imagen. Unidos en el Señor asumiremos
los retos del futuro.
Que el Señor nos guíe a todos. ¡Bienvenidos!
Con afecto fraterno,
+ Iñaki Mallona, C.P.
Obispo de Arecibo |
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CARTA
PASTORAL DE IÑAKI MALLONA, C.P.
OBISPO DE
ARECIBO
EN LAS BODAS
DE ORO DIOCESANAS
Amados Sacerdotes, Personas de Vida Consagrada,
hermanos y hermanas del Pueblo Santo de Dios. ¡Feliz Pascua de Resurrección!
Vamos avanzando en el Año Jubilar de la Diócesis a los
cincuenta años de su erección (1960-2010). Han sido 50 años de Vida,
celebrando, misionando y construyendo Comunidad. Hemos recorrido el
itinerario con grandes efusiones del Espíritu Santo y manifestación de la gracia
de Dios.
Al hilo del camino recorrido
En los pasados tres años nos hemos ido
mentalizando hacia una nueva etapa histórica de nuestra Diócesis. No sólo
miramos atrás y damos gracias a Dios. Nos sentimos empeñados hacia el
futuro, asumiendo los retos apostólicos y de santidad que se nos van a
presentar a nosotros y a nuestros sucesores en los próximos años. Queremos
ahora marcar esta trayectoria de llegada a las Bodas de Oro Diocesanas. Al
efecto, en varias ocasiones me he dirigido con Cartas Pastorales para crear
el clima y acompañar el esfuerzo de personas, Comunidades y Grupos
Apostólicos.
Desde un primer momento centramos nuestras
consideraciones en un trípode: SEMBRAR, CRECER Y MADURAR. Estas
consignas aludían a la vivencia interior de cada uno, así como al camino
indicado a las Comunidades de Vida Consagrada, y a los Grupos Apostólicos.
Pretendimos provocar así la vitalidad de las Parroquias y el entramado
completo de la organización y el trabajo de toda la Diócesis. Nos ha
apadrinado sólidamente el Plan Diocesano de Pastoral, iniciado
providencialmente hace unos años y hoy en plena efervescencia y reclamo.
Coronando la etapa
En esta Carta Pastoral quiero referirme
especialmente a la imagen de la MADURACION que, después de la Siembra y el
Crecimiento, ha de cualificar y provocar nuestro estado de ánimo, las
motivaciones de nuestra Evangelización y la puerta de entrada a la nueva
etapa que comienza después de las Bodas de Oro.
El proceso natural de la Maduración indica
el estado adulto y coronamiento de la vida. Es la etapa de la plena
conciencia, de la entrega a los demás, del funcionamiento de
todos los resortes, etc. A la Maduración se
le pide siempre el rendimiento máximo. Una persona espiritualmente madura
está centrada en Dios, como Principio y Fin; está en plena sintonía
con el Corazón y la Obra de Jesús; y funciona con completa docilidad y
eficiencia con el Espíritu Santo. Se derraman sobre él los dones y la fuerza
del Dador de la Vida.
Así el creyente funciona eficazmente con las
potencialidades del misterio de Cristo; y su misión de santidad y apostolado
reflejan la personalidad de Cristo Jesús.
La persona creyente que ha alcanzado su madurez,
se empeña cada vez más en imitar los pensamientos y las actividades de
Cristo, y se identifica con la obra suprema del amor de Dios que es la
Pasión de Jesús. La constante disponibilidad para la cruz de cada día,
el olvido de sí para entregarse a los demás, "por la vida del mundo",
etc. son metas que corresponden a la figura del
"grano de tierra que cae al suelo y da el
ciento por uno" (Cfr. Jn. 12,24).
La fuente de la madurez
Esta etapa es un don de Dios a las almas
sencillas; no es fruto de meros esfuerzos humanos ni de sabidurías
especiales. Una vida de unión con Dios por la oración, la meditación de la
Palabra de Dios, la celebración de los Sacramentos y el culto de la Iglesia,
la humildad y la obediencia, la pobreza espiritual y la fortaleza en las
cruces son, al mismo tiempo, condiciones necesarias, fruto e imagen de la
auténtica madurez cristiana. Así se explican las vidas de los Santos, de
tantas Personas Consagradas y de los Mártires que alcanzan una fecundidad y
alegría inexplicable en el mundo.
4. Madurez apostólica
Estas realidades están abiertas a nosotros.
Nuestro Plan de Pastoral Diocesano nos exige la movilización de todos:
pequeños y grandes, fuertes y enfermos, sabios e ignorantes. No es justo
recibir dones de Dios y encerrarnos en nuestro "castillo personal",
enterrando los talentos. Cristo nos envía a todos con los instrumentos que
tengamos. No caben ociosos en la Viña del Señor. Los programas personales y
aislados, ignorando a los demás, traen la grave sospecha de un engaño.
Avivar el espíritu personal y colectivo,
comprometerse en la organización y comunión eclesial, han de ser para todas
las instituciones de la Iglesia la tónica de este momento histórico.
Así también las mismas Organizaciones maduras se
animan en su funcionamiento como fermento en la masa, luz en las
tinieblas, sal de la tierra y ciudad puesta en la altura (Cfr.
Mt.5,13-16) para guiar los caminos y la peregrinación humana. A
diferencia de la naturaleza vegetal en su madurez, la persona y las
Colectividades espiritualmente maduras alcanzan una etapa que no caduca; es
más, abordan sucesivos estadios con creciente y permanente fructificación
hasta alcanzar "el cielo nuevo y la tierra nueva" sin fin (Cfr. 2
Pe.3,13; Ap.21,1-2).
El espíritu misionero es inherente a la
vocación cristiana; y los dones de Dios van creciendo en la medida en que se
comparten. De ahí también que nuestros objetivos son todas y cada una de las
personas, sin excepción: las queremos alcanzar donde quiera que estén, en
las condiciones que sean; nadie es extraño a esta conquista. Cuando las
personas e instituciones están abiertas a estos horizontes, se adentran en
la MADUREZ.
Una de las experiencias inmediatas de esta
Maduración es el claro sentido de la complementariedad y la búsqueda
de la coordinación tanto entre las personas como en las Parroquias y
los Grupos. Esta disciplina es una de las señales más claras de la madurez
en las personas y en los grupos. Se la busca a ultranza y se amolda a las
directivas del Plan y Guía Diocesano.
5. Para el futuro
Con estos dones de Dios y experiencias eclesiales
nos abrimos a los nuevos tiempos del Espíritu en las etapas próximas.
Nuestros Planes progresarán, las dificultades del mundo crecerán, y en cada
día y etapa será más apremiante el anuncio de la Palabra de Cristo y de la
vida eterna "para los hombres que ama el Señor" (Cfr. Lc.2,14). Serán
tiempos duros, pero estaremos suficientemente entrenados y apertrechados.
Los Apóstoles estaban decepcionados por no haber podido pescar nada en toda
la noche. Pero aprendieron a echar las redes "en tu nombre…" y como
ellos lograremos la pesca milagrosa. La mano de Dios no se ha acortado
en nuestros tiempos y en su nombre echaremos también nosotros las redes.
Todos los hermanos somos convocados para
protagonizar esta historia de la Iglesia: algunos fueron llamados ya a la
recompensa eterna; otros proseguimos en la lucha fiel a favor de Cristo y su
proyecto de salvación. Un camino de Dios y un sendero humano ciertamente
memorable.
6. Pascua 2010
A las puertas del 50° Aniversario de la Diócesis,
invitamos a nuestros Sacerdotes, Personas Consagradas y fieles a
intensificar su vivencia cristiana y compromiso apostólico con el espíritu
de la Pascua. La proclamación de la Palabra de Dios, los ejercicios de
conversión y purificación, la renovación de los compromisos bautismales y
apostólicos y el fortalecimiento de nuestra pertenencia y compromiso con la
Iglesia Diocesana, etc. han de ser programas intensos de la Pascua y las
Celebraciones Jubilares que estamos proyectando. Gocémonos de las
bendiciones de Dios y de la alegría que nuestros antepasados nos contagian
desde el cielo.
Con el mejor compromiso personal, les envío a todos mi
bendición pastoral.
Arecibo, 4 de abril de 2010
Solemnidad de la Resurrección del Señor
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Iñaki Mallona, C.P.
Obispo de Arecibo
IM/sh |
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